Oremos en acción de gracias por la vida de nuestro hermano, el P. José Ramón González Écija, conocido cariñosamente como Moncho, fallecido el 23 de enero de 2026 en la Enfermería Jesuita de Fátima, en Lima, a los 81 años de edad, con 62 años en la Compañía, 52 de ordenación sacerdotal y 48 de últimos votos.

Moncho nació el 31 de julio de 1944 en El Ferrol, La Coruña, España. Hijo de José Ramón y Josefina, fue el cuarto de once hermanos.

El 30 de octubre de 1963, a los 19 años, ingresó al Noviciado de la Compañía de Jesús en Villagarcía de Campos, España. Finalizado el noviciado, continuó su formación jesuita estudiando Humanidades en el Juniorado de Salamanca (1965-1967).

En 1967 vino por primera vez al Perú para realizar la etapa del Magisterio, trabajando como profesor y en actividades pastorales en los Círculos Sociales Católicos de Arequipa (CIRCA), donde permaneció hasta mediados de 1969. Posteriormente inició sus estudios de Filosofía en la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid (1969-1970).

Realizó estudios de Teología en Cusco, Lima y Bruselas entre 1970 y 1974. Fue ordenado sacerdote el 27 de agosto de 1973, en Madrid. Concluyó su formación en 1976, realizando la Tercera Probación en Santiago de Chile, y el 15 de agosto de 1977 profesó sus Últimos Votos en Urcos, Cusco.

En 1974, concluidos los estudios de Teología y ya ordenado sacerdote, Moncho regresó al Perú y fue destinado al Centro de Capacitación Agroindustrial Jesús Obrero (CCAIJO, hoy Asociación Jesús Obrero), donde sirvió hasta fines de 1996, primero en tareas formativas, luego como subdirector (1981-1988) y posteriormente como director (1989-1996), además fue párroco de la parroquia San Pedro Apóstol de Andahuaylillas desde 1980.

La vida apostólica de Moncho estuvo dedicada al Perú y, de modo especial, a Andahuaylillas (Cusco), su hogar durante cerca de veinticinco años. Además de su ministerio sacerdotal, su sensibilidad, liderazgo y cercanía con la gente lo hicieron ser reconocido como padre, amigo y guía. Destacó también por su compromiso con la educación de las personas más vulnerables, por tender puentes entre España y el Perú y por impulsar redes de solidaridad al servicio de quienes más lo necesitan. Compartió las inquietudes, las costumbres y el folklore de la gente del mundo quechua: peregrinó como danzante al Santuario del Señor de Qoyllur Rit’i, participó en las fiestas del pueblo y organizó el viaje de bailarines Allpa Kallpa a España.

En 1997, fue destinado a Lima para incorporarse al equipo de la Oficina Nacional de Fe y Alegría, como coordinador de proyectos y recursos, servicio que realizó hasta 1999.

En el año 2000 se le encomendó iniciar y organizar la Oficina de Desarrollo y Procura – ODP (hoy Misión Jesuita), misión a la que dedicó casi veinte años, creando una estructura que permitió a la Provincia del Perú canalizar ayudas para las obras apostólicas y desarrollar proyectos en beneficio de poblaciones vulnerables. Asimismo, fue coordinador de la Red Apostólica Ignaciana entre 1999 y 2009.

Entre 2007 y 2009 colaboró en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, como director de Medio Universitario y en la oficina de desarrollo institucional.

Moncho fue también Superior de la comunidad José de Acosta (1997-1998) y de la comunidad de la Inmaculada (2013-2018), y ministro de la comunidad del Juniorado San Juan Berchmans (1999-2001).

Desde 2010, cuando fue destinado a la comunidad de la Inmaculada, además de continuar acompañando la misión de la ODP, fue asesor nacional de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Compañía de Jesús (ASIA), y dedicó tiempo significativo al acompañamiento y formación de profesionales y empresarios, así como a la formación espiritual de profesores, trabajadores y padres de familia del Colegio de la Inmaculada.

En 2022 pasó a vivir en la Enfermería Jesuita, para el cuidado de su salud.

Demos gracias a Dios por la vida de Moncho y por el testimonio que nos deja: la convicción de que es posible tender puentes de solidaridad; de que la apuesta por la educación de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes es una de las mejores formas de sembrar esperanza y generar cambios duraderos; y de que la ternura, la misericordia y la cercanía de Dios pueden hacerse visibles en una vida entregada.

La Misa de funeral se celebró el 28 de enero a las 9:30 a.m. en la Parroquia San Pedro Apóstol de Andahuaylillas.