Oremos en acción de gracias por la vida de nuestro hermano, el H. Alfredo Tarancón Casado SJ, fallecido el 29 de marzo de 2025 en la Enfermería Jesuita de Fátima, Lima, a los 94 años de edad, 76 años de Compañía y 63 años de Últimos Votos.
Alfredo Tarancón nació el 5 de enero de 1931 en Taroda, Soria, España. Hijo de Dionisio y Justa, fue uno de sus seis hijos. Luego de dos años en el Seminario de Sigüenza y después de un proceso de discernimiento para responder a sus preguntas vocacionales, fue descubriendo que su vocación era la de Hermano en la Compañía de Jesús. Como su madre no autorizaba su decisión, como él mismo contó, desde el Seminario le escribió una carta sin muchos rodeos: “mamá, tu felicidad y la mía, tanto en nuestro camino terrenal, como en el definitivo del Cielo, la siento ligada a esta decisión: ser “hermano” en la Compañía de Jesús (…). Siento que esto le agrada a Dios. El sabrá hacernos felices a los dos”.
Ingresó al postulantado de los jesuitas en mayo de 1948 y el 16 de marzo de 1949 ingresó al Noviciado en Aranjuez, España, cuando tenía 18 años de edad. Al finalizar el Noviciado, hizo sus Primeros Votos el 16 de marzo de 1951. En 1960 hizo su Tercera Probación en Miraflores, Lima, teniendo como Instructor al P. Toledo. Sus Últimos Votos los hizo el 15 de agosto de 1961 en el Cusco.
La trayectoria apostólica de Alfredo es el resultado de su continua interiorización de que la vocación jesuita es “para discurrir y hacer vida en cualquier parte del mundo” (Const. 304) donde se diera más el servicio a Dios y la ayuda a los prójimos. Movido por este deseo de discurrir y servir aceptó con generosidad su destino para trabajar en el Perú y llegó a Lima el 28 de julio de 1952. Los dos primeros años los pasó en la Casa Nuestra Señora de Fátima, Miraflores, apoyando en los quehaceres diarios del Noviciado.
Su siguiente destino fue la Parroquia Nuestra Señora de los Desamparados en Breña, donde trabajó de 1955 a 1960. Este fue su primer contacto con la parroquia que tanto le enseñó y a la que aprendió a querer. De 1960 a 1969 vivió en Cusco, trabajando principalmente en el Seminario diocesano. De 1970 a 1981 fue destinado a Chiriaco, Amazonas, para apoyar en los puntos de misión de la selva del Vicariato Apostólico de Jaén. Su principal encargo fue el abastecimiento de los víveres para las comunidades de jesuitas y religiosas y para los alumnos del internado del colegio Valentín Salegui.
De 1982 a 1996 trabajó en la Parroquia San Pedro de Lima como sacristán y ministro de la comunidad jesuita. En 1997 regresó a la Parroquia Nuestra Señora de los Desamparados de Breña, donde trabajó hasta el 2006. El mismo Alfredo compartió en la misa por sus 60 años de jesuita que este fue el destino que más alegrías le trajo y del cual más le costó despedirse.
De 2007 a 2017 volvió a la Parroquia San Pedro de Lima para apoyar como Sotoministro de la comunidad jesuita y apoyar en las actividades de la parroquia. En 2018 fue destinado a la Enfermería de Fátima en Miraflores, Lima, donde permaneció colaborando en labores de la casa hasta cuando su salud se lo permitió.
Alfredo será recordado por su servicio humilde y piadoso a los más necesitados y a las comunidades donde vivió, por atender a todos con sencillez, por su disponibilidad para ir a donde hubiera mayor necesidad y realizar con responsabilidad y buen espíritu la misión encomendada por sus Superiores. Quienes han convivido con él, también lo recordarán por su particular devoción a la Virgen María y por verlo, casi siempre, rezando con un rosario en la mano.
Demos gracias a Dios por la vida y misión de Alfredo, vividas siempre con generosidad, y que Santa María lo acoja con su amor maternal.
La Misa de Funeral se celebró el domingo 30 de marzo a las 13:30 horas en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, Lima.

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