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P. Jorge Crooke, SJ

CROOKE 1978
El lunes 14 de septiembre del 2009 el P. Jorge Crooke Gorría SJ partió a la Casa del Padre. Luego de unos fructíferos años como párroco en Breña, vivió sus últimos años en la comunidad de San Pedro de Lima, participando en la Parroquia y, en especial, acompañando y guiando a una Comunidad de Vida Cristiana (CVX).

De la Homilía pronunciada por el P. Benjamín Crespo en la despedida de Jorge:

Nuestro buen Dios lo llamó a su lado en el aniversario de su ingreso a la Compañía de Jesús, en el Noviciado de Aranjuez, de la provincia de Toledo, un 14 de setiembre de 1954, hace justo 55 años, respondiendo cuando tenía 18 años a la invitación personal de Jesucristo con total generosidad con “determinación deliberada de vivir y morir in Domino con esta y en esta Compañía de Jesús nuestro Criador y Señor” (Constituciones, Examen 51).

Jorge vino al Perú siendo novicio a esta casa de Miraflores y aquí en el Perú vivió prácticamente toda su vida de jesuita trabajando pastoralmente en las diversas misiones que la Compañía le confió: en el Colegio de la Inmaculada, primero siendo maestrillo como subprefecto y profesor de los alumnos, y años después siendo ya sacerdote fue Prefecto, Profesor y Espiritual. En Jaén, como Vicario de Monseñor Augusto Vargas en el Vicariato de San Francisco Javier, desempeñó su cargo allí con mucha aceptación de la gente, sobre todo de los sacerdotes diocesanos. Gozó de la confianza de Monseñor Augusto y del afecto de la gente por su cercanía y servicialidad. También estuvo en dos ocasiones en el Colegio San Ignacio de Loyola en Piura, primero como Prefecto y luego de Rector. Fue también Párroco en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados y Vicario Parroquial y Confesor en la Parroquia de San Pedro, y finalmente en la Enfermería de Fátima, cuidando su salud, compartiendo su cariñosa amistad en conversas, enviando correos, y así fue día a día entregando su vida a Dios en la Compañía de Jesús.

Nuestro buen Dios también lo llamó a su lado para siempre en el día de la Exaltación de la Santa Cruz, cuya fiesta muchas veces celebró durante sus años de trabajo pastoral en Jaén, con la devoción popular del Señor de Huamantanga, cuya imagen es muy querida por el pueblo pobre, humilde y sencillo, a quien Jorge sirvió con especial afecto y solicitud, cercano a los pobres y necesitados, sintiéndose identificado con los rostros humanos de Jesucristo. Muy sensible ante las injusticias y los malos tratos de los que siempre protestaba defendiendo a los débiles y sacando fuerzas para que la justicia estuviera presente en todos los ámbitos del país.

Celebramos esta Eucaristía, esta acción de gracias, en la que despedimos a Jorge, en el día de la Virgen de los Dolores, con la seguridad que ella, ya calmó todos sus dolores y sufrimientos, y con ella goza para siempre de la presencia de nuestro buen Padre Dios en el cielo.

Ayer nos recordaba Carlos las que fueron las últimas palabras que escuchó de Jorge como despidiéndose plenamente consciente de su debilidad, de su enfermedad, aceptando la muerte con una serenidad envidiable: “lo que Dios quiera, hasta que Dios quiera, hasta cuando Dios quiera”. Jorge nos dio ejemplo de hacer siempre la voluntad de Dios, de vivir centrado en Dios, sintiéndose en las manos de Dios, experimentando con profundidad que en su vida, su vocación, su ministerio, su enfermedad y su muerte siempre Dios tuvo la iniciativa y que él aceptó con total disponibilidad, con un sentido muy personal de pertenencia total a Dios.

En estas pocas horas desde la noticia de su fallecimiento, he recibido varios testimonios de quienes fuimos sus alumnos en la Inmaculada, expresando su sentir y dolor y al mismo tiempo su recuerdo cariñoso y agradecido del jesuita formador, que siempre trató con rectitud y firmeza como Prefecto de Disciplina, y al mismo tiempo del jesuita amigo y compañero, que marcó la vida para siempre, por su bondad, su cercanía, su trabajo incansable, su aprecio personal por cada uno.

Menciono algunas frases para compartirlas con todos, especialmente con Jorge en esta eucaristía: “los que tuvimos la suerte de conocer a Jorge Crooke , nuestro querido “loco” sabemos que se nos va por encima de todo un extraordinario ser humano, alguien que fue y seguirá siendo parte de la historia de los grandes formadores de nuestro querido Colegio… Jesuitas como Jorge Crooke son los que necesitamos para seguir formando líderes que sigan pensando en los demás como parte de uno mismo…siempre estaré agradecido al curita loco, Dios lo tenga en su gloria… Excelente sacerdote y disciplinario prefecto. Estoy seguro le será de gran ayuda a San Pedro para identificar a los que se portaron mal en la tierra y fijarles el castigo requerido… Cuando algo le molestaba se ponía colorado y gritaba con su dejo español del seseo, pero rápido también se le pasaba. Fuimos afortunados de haber tenido maestrillos, hermanos y sacerdotes jesuitas tan cerca en nuestros doce años de formación escolar, privilegio que comprometió nuestras vidas para servir más a Dios y a nuestros hermanos.

El ¨loco¨ fue para la gente de mi promoción un ejemplo de rectitud, un formador inigualable del carácter y del espíritu…recuerdo una de sus máximas ¨O blanco o negro. ¡Pero NUNCA gris!¨…un jesuita de apariencia seria e impenetrable, pero de un interior lleno de sensibilidad humana y exaltante amistad, pleno de atención a los problemas de otros. Muy trabajador y sumamente consecuente entre lo que decía y hacía. Son pocos los instantes en que uno va por la vida y se tiene la suerte de cruzarse con personajes tan imperecederos como Jorge Crooke Gorría… Muchos recuerdos vienen en este momento a mi memoria, pero por encima de todo, la admiración y el cariño por un “formador y educador” que marcaron a muchas generaciones de exalumnos de nuestro querido colegio”.

Al final de su vida, Jorge hizo suyas estas palabras de honda significación en nuestro ser jesuitas “Como en la vida toda, así también en la muerte, y mucho más, debe cada uno de la Compañía esforzarse y procurar que Dios Nuestro Señor sea en él glorificado y servido, y los prójimos edificados” (Constituciones 595).

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