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Mons. Manuel Prado Pérez-Rosas, SJ

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Mons. Manuel Prado Pérez-Rosas SJ, Arzobispo Emérito de Trujillo desde 1999, falleció alrededor de las tres de la mañana de la madrugada del día 9 de octubre en nuestra Enfermería de Fátima, a los 88 años de edad y 71 de jesuita.

Se mantuvo hasta el final muy lúcido, siempre invocando a Dios insistentemente para ser recogido: “Ven Señor Jesús”, repetía insistentemente. “Prácticamente se quedó dormido”, nos cuenta el Hno. Sixto Coronel SJ, quien junto al equipo de nuestra Enfermería lo atendió en los últimos meses con el cariño y respeto que les caracterizan. Un cáncer hepático lo ha ido consumiendo lentamente. Muchas horas de silencio lleno de contenido religioso, siempre muy reservado. A nuestro pesar, tuvimos que respetar su deseo de no recibir visitas ni llamadas personales.

Monseñor Prado nació el 26 de mayo de 1923. Ingresó a la Compañía el 1 de febrero de 1940 (cuando nuestro noviciado tenía dos años de fundado) y fue novicio del P. Pablo Menor. La ordenación sacerdotal fue el 13 de julio de 1956 y su incorporación definitiva a la Compañía fue el 15 de agosto de 1967. Maestro de novicios en Huachipa de varias generaciones de jesuitas, había sido también Rector del Colegio San José de Arequipa, y luego del San Ignacio de Piura. Fue consagrado obispo de Chachapoyas el 7 de octubre de 1970 y desde 1977 pasó a ser Arzobispo de Trujillo: Desde 1999 dejó el gobierno de la arquidiócesis de Trujillo por límite de edad.

Nos sorprendió siempre por su gran sencillez y discreción, que mantuvo radicalmente, hasta en los últimos años, que trabajó en la Casa de Retiro de Villa Kostka, en la Vicaría Parroquial Santa María de Huachipa confiada a los jesuitas, y atendiendo a religiosas de la zona de Chaclacayo y Chosica. Ni en las ocasiones más solemnes se dejaba ver en Lima.Agradecidos por su ejemplo de jesuita y obispo, nos encomendamos a él para que nos ayude a seguir sus enseñanzas, ahora desde la vida plena junto al Padre en Jesús Resucitado, muy cerca sin duda a María, cuya devoción discretamente siempre nos inculcó.

Le invitamos a compartir con nosotros sus recuerdos sobre Mons. Prado.

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