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El P. Juan Julio Wicht SJ partió el 12 de marzo del 2010 hacia la Casa del Padre. El padre Wicht nació el 18 de abril de 1932, en Salaverry, Trujillo. En sintonía con su labor sacerdotal, fue también economista y catedrático. Desempeñó el cargo de Decano de la Facultad de Economía y de Director del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.

Como cristiano, Juan Julio representaba a una generación que en nombre de la fe se tomó en serio el desafío de trasformar la realidad peruana, desde la investigación y la educación. Su integridad espiritual y sus valores ciudadanos lo llevaron a quedarse como rehén voluntario durante la toma de la embajada del Japón entre 1996 y 1997, cuando los terroristas querían liberarlo. En aquellos momentos de desesperación, Juan Julio comprendió que el sentido de su vida se jugaba del lado de los cautivos, y con ellos se quedó hasta el final de los 126 días de secuestro. Se nos fue un sacerdote y un ciudadano que desde su vocación intelectual vivió pensando en los demás. Un ejemplo para una Iglesia golpeada por algunos escándalos y para un país urgido de gestos de solidaridad como el de Juan Julio.

De su texto “Rehén Voluntario”:

“Poco después del mediodía [del 22 de diciembre de 1996] Serpa anuncia que va a haber una numerosa liberación de rehenes. Yo ya he tomado mi decisión mientras celebraba la misa: Si me liberan, me quedo. […] [Las palabras] que dijo Jesús en su pasión voluntariamente aceptada me han llegado muy hondo. Para esto fui ordenado sacerdote” .

Recordamos también las palabras Mario Vargas Llosa:

“Aunque no soy católico, ni creyente, tengo buenos amigos católicos, y entre ellos, incluso, hasta algunos del Opus Dei. Tuve un gran respeto y admiración por el antiguo arzobispo de Lima, el cardenal Vargas Alzamora, que defendió los derechos humanos con gran coraje y serenidad en los tiempos de la dictadura, y que fue una verdadera guía espiritual para todos los peruanos, creyentes o no. Y lo tengo por monseñor Luis Bambarén, o por el padre Juan Julio Wicht, el jesuita que se negó a salir de la Embajada del Japón y prefirió compartir la suerte de los secuestrados del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, y por el padre Gustavo Gutiérrez, de cuyo talento intelectual disfruto cada vez que lo leo, pese a mi agnosticismo”. (El País, 8 diciembre 2002).